Café coloquio

La empatía es estar en el lugar del otro, pero la compasión conlleva compromiso.

Adela Cortina.

Estamos sentadas en círculo, alrededor de un bizcocho que nos ha traído una de mis alumnas, que es una verdadera artista. El ambiente es distendido, seguro; se puede hablar sin miedo a ser juzgada, infravalorada. Un lugar para conocernos y pararnos a reflexionar desde dentro, sin que nos influyan o atemoricen las presiones ajenas.

Hemos tratado varios temas a lo largo del curso y en cada uno de ellos hemos compartido risas, batallas dialécticas y alguna que otra lágrima. El intentar conocerse no es una tarea fácil y requiere valentía y paciencia.

Esta entrada de blog está dedicada a ellas, a mis alumnas, a nuestros coloquios cafés, a nuestros encuentros a lo largo de este curso.

Afirmaba Aristóteles que el origen de la filosofía reside en la capacidad de asombro que posee el ser humano, esa curiosidad que nos permite preguntarnos por qué algo es así y no de otra manera. Ahí es donde empieza todo: en la admiración por el mundo que nos rodea y por el mundo que albergamos en nuestro interior; sólo así es posible reflexionar, cuestionarse los dogmas heredados, mirar al otro desde un ángulo que antes no se nos hubiera ocurrido hacerlo.

¿Es el tiempo biológico el mismo que el psicológico? ¿Cómo definir el tiempo? ¿Cómo afecta a nuestras vidas?

¿Tiene la vida algún sentido? ¿Lo tendría si fuéramos inmortales? Reflexionando sobre el origen de lo real y si somos sólo materia o también espíritu, acabamos planteándonos qué sucede tras la muerte, si tenemos o no alma y cómo el hecho de saber que nos vamos a morir, condiciona nuestros pasos. Conversamos sobre la idea de que la esencia de la vida, las distintas emociones que sentimos, el riesgo, no serían posibles si fuéramos seres eternos.

¿Cuál es nuestra Utopía? ¿Qué pasos dar para acercarnos a ella? Para intentar responder e iniciar un coloquio, nos sumergimos en las palabras de Eduardo Galeano: La Utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Y caminamos todas juntas. Si alguna se cae, no lo vivimos como un error sino como una parte del camino, de un sendero que vamos formando cada día con nuestros sueños, anhelos y temores. Soñamos, cada una de nosotras, con un mundo mejor.

¿Qué es la Ética? ¿Para qué sirve? ¿En qué mundo queremos vivir? ¿Cuál es la diferencia entre cuidar y cooperar? En esta reflexión sobre la Ética nos adentramos en una serie de preguntas que pretenden alumbrar qué actos nos distinguen como seres humanos y qué actos nos alejan de nuestra humanidad. Reivindicamos la palabra, la memoria, la dignidad. Volvemos nuestra mirada hacia grandes pensadoras como Concepción Arenal o Clara Campoamor, entre otras; que lucharon intensamente a lo largo de su vida por mejorar los derechos de los ciudadanos en general y los de las mujeres en particular. Todavía resuenan en nosotras la reflexión de Concepción Arenal de Condena el delito y no al delincuente, empeñada en establecer en España una política penitenciaria basada en la reinserción. Sin olvidar a Clara y su logro de un sufragio universal en un país, el nuestro, que vivió los años más democráticos durante la Segunda República. Después de la visión de la película Clara Campoamor, la mujer olvidada; estuvimos compartiendo los distintos sentires acerca de su lucha en un mundo de hombres que todavía exponían en el Parlamento argumentos falaces tales como que la mujer en sus días del mes no piensa con claridad y que el sexo femenino sufre de histeria y no está capacitado para participar en los asuntos políticos. Mis alumnas coincidieron en resaltar su humanismo, su idea de una igualdad que integra y acoge.

Nos hemos dedicado a cuidarnos, a escucharnos; pues no es posible hacer filosofía si antes no tenemos paz mental; el ruido es el gran enemigo de la claridad. Y dentro del cuidado, hemos incluido el cuerpo y la comida. Pues no sólo somos espíritu sino también cuerpo. Desde los latidos del corazón y la respiración, canalizamos las emociones para descubrir nuestros miedos, conflictos no resueltos, que no nos dejan avanzar. Pero el cuerpo también es filosofía; podemos considerarlo una cárcel o una liberación. Puede ser nuestro enemigo o nuestro compañero. No dejarnos someter a ningún canon de belleza, ni dejarse arrastrar por la dictadura de la imagen. Nos miramos para comprendernos , pues no somos lo que otros quieren que seamos. Simplemente somos.

Vivimos en un mundo lleno de trampas,donde campan a sus anchas las pseudorealidades. Por tanto, es imprescindible quererse, amarse sin complejos. Y desde el cuerpo podemos pasar al alma y desde el alma al cuerpo. Amor es el inicio, como bien sabía el maestro Platón.

Salir de la caverna aunque sea durante unos minutos al día, dota a nuestra existencia de un sentido, aunque sea efímero. Y me llena de orgullo haberlo compartido con vosotras en nuestros coloquios café, un lugar para escucharnos.

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