«Y tiéndete a dormir, bajo la ciega lona de los siglos,
el sueño en que me arrojas desde ayer a mañana:
esa escarcha que corre por mi cara.
Aún así, he de llegar contigo.
Aún así, has de resucitar conmigo entre los muertos«.
Día para no estar. Olga Orozco.
El otro día, a mediodía, estuve paseando por el cementerio del Carmen, en Valladolid. No vayáis a pensar que pertenezco a alguna secta satánica o que soy una siniestra a la que le gusta gastarse cientos de euros en ropa y muy pocos en libros. No. No van por ahí los tiros. Por no llevar, ni siquiera llevaba ninguna prenda negra. El motivo por el que me decidí a ir fue encontrar algo de paz en este mundo que avanza, desde mi perspectiva, terriblemente deprisa. Me dejé llevar por una intuición. Quizá allí, entre los muertos, pudiera llenar el vacío por la ausencia de los que ya no están. Y en cierto modo, algo de consuelo hallé. No respuestas a mis interrogantes, pero sí algo de calor para mis congelados pensamientos. Era una mañana soleada de enero, el sol en mi rostro me animaba a seguir paseando. Allí, entre las tumbas, se fueron despertando mis recuerdos y, poco a poco, me fui dando cuenta de que la vida no nos espera.

Hay días que son malditos, que una preferiría sortearlos, esquivarlos, ahuyentarlos. Pero no se puede. El tiempo tiene redes invisibles que nos atrapan. Aunque juguemos al escondite con él, siempre acaba por encontrarnos.
Podría escribir una elegía o reconocer que no siempre se ganan las batallas. Aunque luche por aquellos que se han quedado sin voz, mis armas no pueden con todas las adversidades que surgen en el camino. Te fuiste en un suspiro y aquella mañana en el cementerio sentí, que en algún momento me tocará decir, como a Bukowski :
«Ahora me toca irme a mí.
(…)
Extinguidos somos
como la nada,
como la nada somos
y el pianista sigue tocando
mientras diablillos se deslizan barandilla
abajo.»
El 11 de marzo se cumplen cuatro años de la declaración de la pandemia mundial de Covid-19. Y nos han engañado, pues el mundo ya no ha vuelto a ser como era. Los jóvenes no aman a Spinoza y dar clase se ha convertido en un negocio. Los padres y alumnos son clientes que siempre tienen razón y los profesores, unos corre-ve-y-dile. Antes te dejaban hacer. Impartías tus clases, preparabas actividades, motivabas a los alumnos, se llegaba a la evaluación, realizabas tus propuestas de mejora y el orbe terrestre seguía girando. En la actualidad, vigilan cada uno de tus pasos. Todo es susceptible de queja. La libertad ha dado paso al conformismo. La maquinaria del Estado se pone en marcha para tener autómatas alfabetizados sin espíritu crítico. ¿Pensar? ¿Estáis en vuestro sano juicio? Pensar es demasiado costoso y va en contra de la rueda del capitalismo.
Mirar hacia fuera, ese es el lema de nuestro tiempo. La felicidad sólo puede alcanzarse mediante el olvido, la amnesia, inmersos en la cueva platónica. Los jóvenes, aunque no tan sólo ellos, están sumidos en el engaño. Y es muy difícil hacerles ver que están en un error. La fuerza de la ignorancia arremete con todo. Sin saber centrar la mirada, andan como autómatas, desprovistos de un centro que les permita orientarse.
Pascal critica en sus Pensamientos a los filósofos estoicos, pues considera que » los hombres, al no haber podido remediar la muerte, la miseria, la ignorancia, se han puesto de acuerdo, para ser felices, en no pensar en ello.» Es decir, ir hacia nuestro interior no nos provoca felicidad. Por eso el ser humano necesita el entretenimiento, para dejar de pensar en su condición de mortal. Para Pascal el mundo sin Dios nos conduce a estar todo el tiempo mirando hacia fuera. ¿Cómo afrontar el vacío, la irremediable realidad de nuestra esencia mortal?
Epicuro nos enseña en su Carta a Meneceo que no hace falta tener miedo a la muerte, pues la muerte no es nada para nosotros, puesto que el bien y el mal no existen más que en la sensación, y la muerte es la privación de la sensación (…) Este hecho nos permite gozar de esta vida mortal evitándonos añadirle la idea de una duración eterna y quitándonos el deseo de la inmortalidad. No pensar en ello, pues no vas a sentir nada cuando llegue. Es un modo de consolarse, tan sólo eso. Epicuro cultiva la amistad y la libertad. Tener un amigo nos lo pone todo más fácil; sin embargo, hay veces que una ha de estar sola. Entre los muertos es más fácil pensar.
Y viene a mi recuerdo los versos de mi querida Emily Dickinson:
«A long -long Sleep-A famous- Sleep-
That makes no show for Morn-
By Stretch of Limb -or stir of Lid-
An Independent One»
«Un largo-dilatado Sueño-Un Famoso- Sueño-
Que no recibe a la Mañana-
Estirando los Miembros-o moviendo los Párpados
Un Sueño independiente-«
Aquella mañana en el cementerio, me perdí entre tantas calles. Acabé descubriendo tumbas solitarias de hace dos siglos, con la lapida resquebrajada, cubierta de hojas secas. Me quedé allí un rato, sintiendo el sol en mi rostro, con los ojos cerrados y pensé: Esto se parece a la paz, tanto tiempo olvidada. Nadie me va a reprochar nada, no tengo que dar explicaciones, ni luchar para conseguir que me escuchen. No importa lo que aquí ocurrió. Basta con estar mientras se es.
Sólo podré enseñar si miro hacia dentro, conviviendo con todas las voces: Las de los vivos y las de los muertos.
Escribe Álvaro de Campos en su poema Si te quieres matar, por qué no te quieres matar que cuando estemos muertos sólo seremos recordados cuando cumplamos años al nacer y cuando cumplamos años al morir. Nada más, nada más.
«Encárate en frío, y encara en
frío lo que somos…
Si quiere matarte, mátate…
¡No tengas escrúpulos
morales,
recelos de inteligencia!…
¿Qué escrúpulos o recelos tiene la mecánica de la vida?»
Puede ser. Es muy difícil que los versos de Álvaro de Campos te dejen indiferente. Te hiere con su espada y la herida sigue sangrando por mucho tiempo, aunque no te des cuenta de ello.
El ejercicio más heroico en los tiempos que corren consiste en mirar hacia dentro, sondear en tu interior hasta hallar el silencio. Nada de imágenes, ni de likes. No decir a nadie dónde estás. Apagar el móvil y tararear tu propia canción. Enfrentarte al papel en blanco, sin pantallas. La blancura de lo que todavía permanece virgen, no contaminado por las interpretaciones de otros. Volver a descubrir por ti misma lo que te mantiene viva y aún mismo tiempo te une con los muertos.
Un largo-dilatado Sueño-Un Famoso- Sueño-
Que no recibe a la Mañana-
Educar, hoy, es una profesión de riesgo. Intentar que los alumnos desconecten el piloto automático resulta una tarea ardua y harto difícil. Es como predicar en el desierto. Mis palabras se malinterpretan, te exigen con la arrogancia del necio y a continuación, de espaldas, con cobardía, te ponen una queja en Jefatura. Te sacan de tu aula como si fueras una criminal y no puedes disponer de un abogado que te defienda, pues ya has sido condenada de antemano. La libertad sólo existe para los que dirigen los centros educativos y sus acólitos. A los demás sólo nos resta obedecer, acatar las órdenes, aunque sean injustas, incoherentes y partidistas.
La escuela ha dejado de ser el templo del saber. Sólo se instruye a los alumnos en nociones básicas para ser perfectos profesionales sin raciocinio propio. Aprenden a exigir a aquellos que no deben sin asumir ninguna obligación. Luego salen al mundo exterior, agachan la cabeza y no se enfrentan a las injusticias. El miedo a perder su trabajo es muy superior a su valentía, pues necesitarían a su voz de la conciencia, que dejaron olvidada años atrás en un desvencijado pupitre de un instituto de secundaria.
Hay veces que me gustaría, no abandonar mi profesión, pero sí dejar de dar clase en un instituto. No quiero ejercer de policía ni ser cómplice de robar el asombro a los niños y adolescentes. Si no me permiten actuar con libertad y espíritu crítico, ¿cómo se lo voy a enseñar a mis alumnas y alumnos?
«A long -long Sleep-A famous- Sleep-
That makes no showfor Morn-«
«Un largo-dilatado Sueño-Un Famoso- Sueño-
Que no recibe a la Mañana-
Si despierto, no he de estar allí. Buscaré otro lugar para enseñar. Un sitio donde te permitan soñar, como en el cuento de Pippi Långstrump. Poder ser una maestra que entre y salga por la ventana en los días calurosos, cuando el tiempo no sea el adecuado para hacer ni divisiones ni multiplicaciones.
Soñar, soñar, soñar. Sonhos do mundo. Rememorando a Álvaro de Campos:
Ser tudo e non ser nada ao mesmo tempo.
Y mientras, Spinoza, labra lentes en su taller.