«Ningún ministro del interior, en ninguna época, en ningún país del mundo, abriría jamás la boca para hablar de las miserias, de las vergüenzas, de las traiciones y de los crímenes de su oficio».
Ensayo sobre la lucidez, (p. 187). José Saramago.
Hay lugares que se te quedan grabados en el corazón. En mi caso hay dos en los que me gustaría detenerme durante unos instantes:
En primer lugar, el piso del portal 49 en el que viví durante unos años mágicos de mi vida; allí aprendí lo que es el amor, la amistad, el compañerismo.
En segundo lugar, la casa de mis abuelos paternos, en un pueblo cercano a Finisterre; recuerdo la emoción que me embargaba antes de subir las escaleras y encontrarme con los brazos de mi abuela.
¿Qué hacer si te arrebatan los lugares donde poder crecer o llevar a cabo tu proyecto de vida?
Hace tiempo que medito acerca del problema de la vivienda y he pensado más de una vez en escribir una entrada de blog que lo abordase. ¿Por qué me he decidido a hacerlo ahora? La razón que me ha impulsado a ello es una noticia que leí en el periódico hace unos días. Al terminar de leerla, pensé: Este es el momento, no puedo dejarlo para después.
El Pazo de Meirás es propiedad del Estado y debe ser devuelto al Estado.
La Sala Primera del Tribunal Supremo ha desestimado este jueves todos los recursos interpuestos contra la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de la Coruña respecto de la propiedad del pazo que durante año fue elegido como lugar de veraneo de la familia Franco. El pleito, entre la Abogacía del Estado (con la intervención adhesiva de la Xunta de Galicia, el Ayuntamiento y la Diputación de La Coruña y el Concello de Sada) y los hermanos Martínez-Bordiú Franco, ha sido resuelto por unanimidad de los magistrados.
La Audiencia Provincial había establecido que el Pazo de Meirás era propiedad del Estado, que los hermanos Martínez-Bordiú debían devolver su posesión y que tenían derecho a ser indemnizados por los gastos necesarios y útiles realizados en el inmueble durante el tiempo de su posesión, puesto que no habían sido poseedores de mala fe.
La cuantía todavía no ha sido fijada, pero lo que piden los hermanos Martinez- Bordiu-Franco, está en torno a los 800.000 euros.
Al enterarme de este hecho tuve un sentimiento agridulce, el mismo que me inspira la época histórica de la Transición en España.
El pueblo de Sada ha recuperado el Pazo de Meirás, usurpado por Francisco Franco, pero se establece que su familia ha de ser recompensada con una indemnización porque no han sido poseedores de mala fe. ¿Cómo es esto posible? No logramos que la justicia impere del todo.
Y me indigné. Pues hay personas en este país que no pueden acceder a la vivienda y otras son recompensadas por robar descarada y vilmente al pueblo.
Aristóteles considera que el fin del ser humano es alcanzar la felicidad, la eudaimonía. Afirma que hemos de vivir en sociedad donde ha de imperar la justicia. Y yo me pregunto ¿Dónde está, en qué lugar habita?
Una sociedad ha de estar dirigida por valores humanísticos. Si dejamos que sea la codicia la que organice nuestras vidas, sólo hallaremos miseria y desolación.
Cuando enseño a mis alumnos la lección de Política o me toca explicarles a Marx y a Arendt, intento que comprendan, más allá de sus teorías, el humanismo implícito en sus reflexiones.
¿Por qué, se pregunta Marx, si el ser humano es un ser natural, cuya esencia es el trabajo, no es feliz en sociedad? Su respuesta es que no puede elegir cómo quiere vivir, no es dueño de sus decisiones, está alienado. El ser alienado se adueña del discurso del otro, desvirtúa la realidad a través de las falsas ideologías. Entonces, ¿cómo salir de esta cosificación? Permitiendo que el ser humano desarrolle su creatividad y su libertad. No podemos vivir en una sociedad que se sostiene con el yugo de la injusticia.
En los denominados Estados democráticos, el pueblo, la sociedad civil, se encuentra representada en sus Instituciones. Para que una democracia no se resquebraje, ha de dar respuesta a las necesidades de sus ciudadanos. ¿Se cumple esta premisa en las sociedades del siglo XXI? No. Y el declive es cada vez más rápido. A una velocidad vertiginosa se están perdiendo los derechos civiles que tanto sufrimiento y pérdida de vidas humanas costó alcanzarlos.
El propio Aristóteles, cuya Ética se basa en el equilibrio, la prudencia, la cautela; a pesar de ser hijo de su tiempo y defender la esclavitud y el sometimiento de la mujer como algo natural; señaló que para alcanzar la felicidad es imprescindible que las necesidades básicas estén cubiertas: El alimento, el cobijo, la paz. Y veinticinco siglos después, podemos comprobar que ni siquiera los gobiernos democráticos son capaces de asegurarnos lo más esencial para poder desarrollar una vida digna.
Nos han arrebatado nuestro derecho a tener una casa, un hogar. Ningún partido político se atreve a intervenir en el mercado, a llevar a cabo una solución valiente. Los fondos de inversión inmobiliaria campan a sus anchas en el territorio español. Se permite que compren edificios enteros y que echen a sus inquilinos de sus casas porque les duplican o triplican el alquiler; y en algunos casos les presionan con prácticas mafiosas para que terminen vendiendo su propiedad o incluso, al no poder pagar la hipoteca, terminan siendo deshauciados. ¿Es esto un mercado no intervenido? Pues está claro que no. Nuestro mercado sí está intervenido, pero no por el Estado sino por aves de rapiña.
Las generaciones actuales y las venideras ya no serán generaciones de propietarios sino de inquilinos, en un mundo neoliberal y capitalista donde sólo impera una ley: que el capital aumente el capital.
Cuando explico a Hannah Arendt en mis clases, intento, como ya he comentado anteriormente, poner de manifiesto cuanto humanismo hay en sus textos. Hannah insistía siempre en la idea de la razón, en el hecho de que si dejamos de pensar dejamos de ser humanos. ¡No nos neguemos a pensar! ¡No aceptemos las soluciones fáciles, las respuestas simples! ¡No permitamos que el algoritmo dirija nuestras vidas!
Ana Botella, cuando fue alcaldesa de Madrid, llegó a vender, en el año 2013, 1860 viviendas de protección oficial, a dos sociedades pertenecientes al fondo buitre de Blackstone. Viviendas que en su día fueron valoradas en 60.000 euros hoy se venden a 300.000. En ningún otro lugar hallarán tanto beneficio.
No me gusta las simplificaciones, trivializaciones ni generalizaciones. Mi alma de filósofa me impulsa a analizar todas las caras del prisma.
No es fruto de la casualidad que ningún gobierno haya aplicado medidas para solucionar el problema de la vivienda en España. Si vendemos nuestra alma, mejor dicho, el alma de los otros al diablo, ¿qué podemos esperar?
Marx considera que la alienación que vive el proletario en las sociedades capitalistas no sólo es económica, sino también social e ideológica. No es difícil vislumbrar que en la era de la digitalización y de la Inteligencia artificial en la que estamos inmersos, se aspira a controlar a la población a través de un discurso simplista, repetitivo, emocional y carente de contenido fidedigno. Millones de dólares y de euros invertidos para adueñarse del relato. Vivimos en la era de la posverdad y ya sólo importa que los futuros votantes crean lo que los partidos políticos quieren que crean.
No puedo tener una casa. Y eso no significa que haya hecho algo mal, que haya sido una derrochadora, que no haya trabajado lo suficiente… Se trata de algo mucho más profundo: Somos víctimas de un sistema perverso y cualquiera de nosotros puede acabar en la cola de un comedor social o siendo echado de su hogar. Y que no os manipulen: la culpa no la tienen los sectores más vulnerables de la sociedad. El Welfare State, el Estado del bienestar, agoniza. Nos hallamos ante la lucha de clases, la dialéctica del amo y el esclavo hegeliana, que Marx sacó del cajón y la colocó en el mundo real. Mientras el 1 por ciento de la población acapare más del 50 por ciento de los bienes, no podemos afirmar que vivamos en un mundo justo.
La pregunta que plantea José Saramago en su libro Ensayo sobre la lucidez, está de más actualidad que nunca. ¿Qué pasaría si un pueblo entero votase en blanco? La respuesta de los partidos políticos no sería pacífica. A lo largo de esta obra, aparte de todas las vicisitudes que viven los protagonistas, Saramago introduce toda una serie de reflexiones filosófico-políticas de gran interés. Las personas demasiado listas, incluso cuando están de nuestro lado, son intrínsecamente peligrosas. No dejemos de pensar. No es cierto que no haya solución al problema de la vivienda, lo que no hay es voluntad política para llevarlo a cabo. Los grandes fondos de inversión inmobiliaria subvencionan campañas políticas a cambio de tener vía libre para adueñarse de los pueblos y las ciudades. No abogo por el fin del Estado, pero sí por un acercamiento real entre la sociedad civil y las Instituciones que teóricamente la representan.
Fukuyama en su libro El fin de la historia y el último hombre, profundiza en la idea de que tras la caída del muro de Berlín ha llegado el fin de las ideologías; sólo perdurarán en el tiempo las democracias liberales capitalistas. Frente a Fukuyama se alzaron voces críticas, como las de los integrantes de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, por defender un capitalismo sin control y sin esperanza. Y hoy estamos viviendo las consecuencias. En pleno siglo XXI está creciendo a pasos agigantados la extrema derecha y ya no hay posibilidad de una marcha atrás. Desde la atalaya del neoliberalismo se están inoculando ideas antidemocráticas y se está atentando contra los Derechos Humanos y Sociales desde dentro. No nos olvidemos de cuidar lo más valioso.
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías.”
Que no nos dejen sin hogar.
1 comentario en “Barataria de las casas vacías”
Me encanta como Patricia Araujo explica tan claro la podredumbre de una sociedad sin alma y sin corazón.
Esta sociedad está en declive, no hay salida, ella sola se fue destruyendo. Pero lo peor q está pasando es q muchos jóvenes engañados por la extrema derecha les van a votar .
Por favor despertad!!!. Juventud moveros no permitáis q os engañen.