«Y no me digan nada,
que uno puede matar perfectamente,
ya que, sudando tinta,
uno hace cuanto puede, no me digan...»
Y no me digan nada… César Vallejo
Por el culo expulsamos mierda. La hay de todas clases y olores: La boñiga de la vaca, la bosta del caballo, la cagarruta de las ovejas, la caca en los pañales de los bebés, la caca de los perros. Nosotros yendo todas las mañanas al váter, a no ser que padezcamos de estreñimiento. Pero hay otras mierdas que me interesan más. Al fin y al cabo, éstas que acabo de enumerar son naturales, imposibles de evitar y necesarias para el buen funcionamiento de nuestros cuerpos y los ajenos.
Algo huele a podrido en el barrio Salamanca… Las palabras atemorizadas, tímidas, sin saber si han de salir o no de su aislamiento. Son sabias. Quizá sea mejor opción el silencio.
Los sindicatos han recordado estos días que en muchos Hospitales de la Comunidad de Madrid los trabajadores han de firmar una clausula de privacidad. De puertas para afuera no pueden decir nada. Y lo mismo ocurre en la educación. Hay toneladas de mierda acumulada durante años en los despachos de los políticos y cada vez el hedor es más insoportable.
Hay palabras que brillan con sólo nombrarlas: Meditación, pausa, armonía, mirada, caricia. Pero se nos olvidan. Porque hay personas que trabajan para que nos sumamos a la desmemoria. Ellos nacen con la mesa puesta, los manteles de lino, la vajilla de porcelana, la cubertería de plata. Y todo brilla. No hay motas de polvo ni sábanas sucias. De todo se encarga el servicio. Y llegan a la capital del reino en asientos de primera, con un ático o no, con su nombre; obtenido de un modo, digamos, para ser cautos, sin esfuerzo. Ellos acumulan en sus arcas cientos de miles de euros obtenidos de la burbuja inmobiliaria, mientras miles de ciudadanos no tienen un hogar digno donde vivir o viven con la soga al cuello porque no saben si llegarán a fin de mes. Pero se les llena la boca de palabras zafias y no se sonrojan por decir barbaridades porque saben que tienen el poder y que siempre han sido los dueños de las armas, del garrote, el tiro en la nuca y la patada en la entrepierna.
La presidenta de mi comunidad habla sin complejos, supongo que debido a que cuando una está acostumbrada a decir estupideces a borbotones, llega un momento en que sabes que digas lo que digas estás protegida por la inmunidad que te conceden los empresarios, la mayoría de los jueces y una corte de vasallos sumisos que te van a regalar el oído y no se van a atrever a decirte lo que realmente piensan.
Y si alguien decide hablar para denunciar lo que considera una injusticia, como el caso de las listas de espera, pues el primer paso es amedrentarlo y despojarlo de su humanidad. Y lo que dice se convierte en un bulo del culo. Transformamos su denuncia en una mentira, en un embuste, en una patraña, en un infundio.
Si hay personas a las que les va mal en la vida no es culpa de quienes les va mejor.
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.
De los culos expulsamos la mierda. Pero existe otra posibilidad y es que a los que se les llena la boca de palabras zafias, acaben explotando.
Platón afirma que la justicia ha de conservar la templanza, la prudencia y la fortaleza. ¿A dónde escaparon estas virtudes? Desde luego no habitan en los pasillos del Congreso.
Cuán triste es comprobar que hoy en día se está desmoronando las bases de la democracia. El enemigo está entre nosotros, pues la violencia se manifiesta de distintas formas y cada vez se alimenta más de las personas que no ejercen su logos y consideran que hemos de elegir lo que fomenta el individualismo y no la comunidad.
Vivimos sumidos en la prisa, en la búsqueda de la juventud eterna, de la perfección y no nos damos cuenta de que todo llega a su fin. ¿Hay algo eterno? No lo sabemos. Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que en este mundo en el que habitamos la materia se corrompe, se transforma, no permanece.
La mierda que expulsamos por el culo huele mejor que las coacciones, persecuciones y ataques a los denunciantes de las injusticias.
La violencia es el uso intencional de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo. Ser violento no es sólo pegar, gritar, empujar; violencia es también el silencio administrativo, las mentiras edulcoradas, expulsar a las personas de sus casas.
Si la Enseñanza, la Sanidad y la Vivienda se convierten en un negocio. ¿Qué nos queda?
Hace unos días saltaba a la palestra informativa el aviso de personajes sin empatía como Sam Altman de Open AI y miembros de Anthropic advirtiéndonos del peligro de la Inteligencia artificial y de la necesidad de aminorar el ritmo (toda una estrategia comercial antes de salir a cotizar en Bolsa). Y yo me pregunto, ¿son ellos los únicos psicópatas? ¿O conviven entre nosotros? Cuando vamos a tomar un café antes de ir a trabajar y se sientan en la mesa de al lado; cuando enciendes la radio y escuchas a voceros sin alma defender sin ningún escrúpulo a los buitres porque son de su misma calaña o desean serlo; cuando miembros de tu propia familia se niegan a entender que el mundo ha cambiado y que la clase media es hoy una clase vulnerable.
Obligar a firmar una cláusula de confidencialidad va en contra de la libertad de expresión. Y quien habla de bulos del culo sabe que su propia mierda se extiende por todos los áticos de lujo de Madrid.
La sociedad la formamos todos. Cada individuo es responsable de sus decisiones: Pensar en tu propio interés sin sentir empatía hacia el otro o fomentar el espíritu de comunidad ante el capitalismo salvaje. Cada uno decide cuáles son sus prioridades.
Volveremos, señores, a vernos con manzanas y al final habrá un grito que salga de nuestras gargantas sin que podamos retenerlo. Porque no me digan nada, pero uno puede matar perfectamente.
1 comentario en “El bulo del culo”
Me encantó!!!. Todo lo q dices es totalmente cierto.