«En algún apartado y solitario prado,
permíteme susurrar sobre los juncos,
o en los bosques con ruido de hojarasca
susurrar mientras cae la tarde tranquila,
porque antes que nada seré tu niño
y alumno en el bosque salvaje (…)»
Naturaleza. Henry David Thoreau
Fuegos Oblicuos. Arar y ayudar: Notas sobre el cuidado y la sospecha.
Las semillas de Galán de Día están dormidas, no quieren florecer. Aunque estemos ya en Mayo, se sienten perezosas y crecen muy lentamente. Mi compañero me dijo hoy que se identifica con estas plantas, pues hibernar es de vital importancia para reposar las ideas, pararse y luego seguir el ritmo natural de la vida. Sí, quizá sea esa la clave: mimetizarse con la naturaleza y dejar a un lado las obligaciones que nos imponemos continuamente. Sí, me sienta bien pensar que quizá llegue un día en que logre por fin dejar de luchar con mis propios pensamientos.
¿Cómo queremos que sea la sociedad en la que vivimos? Esa es la pregunta que me ronda últimamente. Se supone que hemos establecido un pacto social para no dejarnos llevar por los impulsos más viles y no matarnos los unos a los otros. Frente a la imposición, la cooperación. ¿Pero por qué cooperamos? Esta cuestión nos incomoda porque nos quita las máscaras y nos desnuda, no nos permite disfrazarnos ni ocultarnos. ¿Qué hay bajo la cooperación? Puedo ayudar a un compañero de trabajo y fingir que lo hago porque me importa, pero en verdad, la única razón es velar por mi propio interés, pues sé que la otra alternativa, el caos, no me es rentable, no me reporta un beneficio. Puede ser, quién lo sabe.
Hoy empiezo así mi reflexión porque me asquea darme cuenta de que lo supuestamente real no es más que una farsa. ¿Cómo vamos a creer en un sistema que deja a un lado a los más vulnerables? ¿Podemos vivir en paz sabiendo que estamos inmersos en una adultocracia? No puedo dejar de indignarme cuando la sociedad en la que vivo no tiene en cuenta ni a los niños ni a las personas mayores.
Tres hermanas vivían en la calle Dolorosa con su abuela, se habían quedado sin madre. No porque las hubiera abandonado ni porque hubiera padecido una enfermedad que la llevara a la muerte. No. Fue asesinada en septiembre de 2023 por su pareja, que le asestó varias puñaladas. Tenía treinta y seis años. Dos de las hermanas son menores de edad y han sido desahuciadas del piso en el que vivían. No sólo les han arrebatado la posibilidad de vivir en un espacio seguro sino que les han denegado la beca del comedor. ¿Es esto una acción que proteja a la infancia? Si las ayudas no protegen a los más vulnerables, ¿tiene sentido el uso de la palabra ayudar/vulnerabilidad?
Ayudar consiste en la acción de brindar y prestar cooperación, colaboración, asistencia, socorro. Eso creía. Si nos niegan el auxilio cuando estamos en peligro, ¿podemos seguir hablando de ayudar?
Ayudar en su sentido etimológico tiene vínculos con palabras como juventud. ¿Están los jóvenes dispuestos a asistir a los más vulnerables? ¿Son conscientes de la importancia de la gratitud? Agradecer lo que la vida les ha brindado, ser conscientes de ello, cuidarlo y compartirlo con los que menos tienen.
Arar la tierra, cuidarla para que germinen los frutos. Si algo se cuida, se protege, termina formando parte de uno. Lo que hemos visto crecer y desarrollarse no nos resulta ajeno y por esa razón nos resulta mucho más difícil destruirlo, pues es como si agrediéramos nuestro cuerpo, nuestro hogar.
Carol Gilligan en su Ética del cuidado, desarrolla la idea de que nuestras normas morales han de estar sujetas a nociones como la compasión, la toma de conciencia de que somos seres interdependientes, de que nos necesitamos los unos a los otros. ¿Cómo vamos a juzgar en abstracto? Se pregunta. Habremos de tener en cuenta la situación concreta. ¿Acaso somos imparciales?
Paseo por el valle contemplando a los patos en el lago y me doy cuenta de que ellos no tienen el problema de distinguir entre el adentro y el afuera; lo que soy y lo que muestro. Vivimos en una época desquiciada que sólo da importancia a lo de fuera. ¿Este cuerpo que soy divaga al mismo tiempo que mi espíritu? Y la voz que me acompaña, ¿puede salir fuera de mí en un descuido y dejarme sola creyendo que estoy acompañada? O tal vez no sea nada o lo sea todo en una dimensión que cruza oblicuamente mi espacio. Oblicuo, una palabra que no me deja indiferente si no que me lleva a cerciorarme de que no me gustan las líneas rectas ni las verticales. La tórtola roza con sus alas el agua y se zambulle en el lago. ¿Está dentro o fuera de sí?
Lo que nos permite sobrevivir es la capacidad de cuidarnos los unos a los otros, de no ser indiferentes al sufrimiento del prójimo. Ésta es nuestra fortaleza humana, un tesoro que hemos de preservar. El que cuida, valora lo que tiene; no permite que sea amenazado, violado o ultrajado. La Ética basada en los cuidados y la compasión, nos aleja de la violencia.
¿Queremos construir una sociedad basada en la cooperación o en la compasión?
Paul Ricoeur en su libro Freud: Una interpretación de la cultura, unifica a Marx, Nietzsche y Freud, bajo un misma expresión: La Escuela de la sospecha. Los tres criticaron la sociedad del momento en el que les tocó vivir, desconfiando de la tradición heredada, de las creencias forjadas a hierro y fuego. Recurro a Ricoeur para plantearme de nuevo lo siguiente: ¿Podemos confiar los unos en los otros si en las acciones que realizamos hay siempre un interés oculto?
La clave reside en darnos cuenta, como afirmaba Eduardo Galeano, que el mundo está hecho de historias, el mundo es eso, un mar de fueguitos, no hay dos fuegos iguales, cada persona brilla con luz propia. Si somos capaces de ver la llama en el otro, podremos iluminar juntos todo aquello que nos perturba, angustia, atemoriza. Y construiremos un futuro, paso a paso, adentrándonos en la niebla, que nos desdibuja los contornos y nos hace danzar en terrenos oblicuos.
Hundo mis manos en la tierra, siento cómo este gesto nos ha permitido a los humnos estar en contacto con la naturaleza, que ya poco a poco se va diluyendo de nuestra memoria. He trasplantado la lavanda y el tomillo; el polen lo cubre todo. Estornudo más de diez veces seguidas. La primavera avanza deprisa. Recuerdo que una vez tuve una pequeña huerta. Cuánto tiempo, una eternidad.
Me gusta contemplar la montaña desde mi balcón. A pocos pasos está el campo esperándome. No voy a arar la tierra, aunque la palabra arar y ayudar tengan una musicalidad semejante. ¿Llegaré a algún sitio? No importa, tan sólo quiero caminar. La línea del horizonte me guía, me gusta tenerlo como brújula. Hay fueguitos que arden más que otros y ellos son necesarios para encontrar un lugar donde la violencia no sea una opción. No quiero quedarme quieta en mi casilla conformándome con lo que hay. He de cuidar de los fueguitos que nos apartan de las sombras.
Nietzsche reivindicaba el poder de los niños y la creatividad. Y de vez en cuando es muy gratificante cerrar los ojos para habitar ese tiempo en el que éramos niños y el bosque podía ser un lugar terrible poblado de alimañas y brujas perversas, donde temblábamos al escuchar el aullido del lobo; o un lugar que nos acogía con su melodía serena entonada por las hojas y raíces de los árboles.
Ayudar, cuidar, escuchar. Permitir que los más desvalidos también puedan brillar con su propio fueguito.
